Testamento ológrafo: ¿cómo se hace y cuales son sus ventajas?

Todos sabemos que un testamento es la declaración de última voluntad que hace una persona para disponer sus bienes tras su fallecimiento. Hasta ahí todo claro, pero también hay que considerar que los testamentos comunes pueden ser de tres tipos: el testamento ológrafo, el abierto y el cerrado. ¿Quieres saber más sobre el primero de los tipos, quizás más desconocido?

¿Qué es un testamento ológrafo?

El testamento ológrafo está diseñado para ser utilizado cuando no se puede firmar ante notario/a. Es común recurrir a él ante enfermedad grave que impide el desplazamiento, o cuando hay poco tiempo para firmarlo. Pero no se consideran circunstancias frecuentes.

Queda regulado en los artículos 688 a 693, luego conviene leerlos bien para que el documento cumpla todos los requisitos legales y sea considerado válido llegado el momento.

La validez del testamento ológrafo será total si se cumplen los requisitos que impone la legislación vigente. Por tanto, debe ser otorgado por una persona que haya alcanzado la mayoría de edad, estar escrito a mano y firmado, recoger la fecha en que se otorga y salvarse las palabras tachadas o las correcciones. Respecto a esto último, nos referimos a poner al final del documento una nota que dé validez a lo enmendado, junto a la firma manuscrita.

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